Hombre de 28 años detenido por grabar con su móvil en los aseos en una Universidad de Valencia

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía detuvieron a un hombre de 28 años como presunto autor de un delito contra la intimidad tras colocar su teléfono móvil en la escayola del techo del aseo de hombres de una facultad de Burjassot para grabar a los estudiantes que iban a él.

Según un comunicado del cuerpo policial, los agentes hicieron asimismo un registro en su domicilio, donde intervinieron una torre de ordenador, una tableta, un disco duro externo, dos dispositivos USB, un ordenador portátil y una tarjeta de memoria, así como el teléfono móvil utilizado.

Los hechos ocurrieron hace un año, cuando agentes que hacían labores de prevención de la delincuencia fueron requeridos por la sala 091 para que se dirigieran a una facultad de Burjassot, donde los vigilantes de seguridad tenían retenido a un joven que, al parecer, había colocado un teléfono móvil en los aseos masculinos.

Los agentes averiguaron allí que momentos antes, un profesor había observado varias escayolas del techo de los cuartos de baño abiertas, y había visto a un joven depositar algo encima y salir corriendo.

Entonces, otro trabajador del centro comprobó que encima de la escayola había un móvil encendido, que apuntaba hacia uno de los cuartos de baño.

Los policías averiguaron que los vigilantes tenían retenido a un hombre que, al parecer, era el que había manipulado el techo de los cuartos de baño y se había dirigido al vigilante preguntando por un teléfono móvil.

Los agentes se dirigieron junto con el joven al cuarto de baño, donde localizaron encima de la escayola un agujero de pequeñas dimensiones justo encima de uno de los retretes.

El retenido admitió entonces que había hecho un agujero con unas herramientas y había dejado su móvil grabando, por lo que fue detenido como presunto autor de un delito contra la intimidad.

Asimismo, los policías descubrieron que las herramientas utilizadas para hacer el agujero las tenía en el interior del maletero de su coche, donde intervinieron un martillo, un destornillador y un cincel.

Finalmente, los agentes realizaron un registro en su domicilio, donde decomisaron para su análisis una torre de ordenador, una tableta, un disco duro externo, dos lápices de memoria, un ordenador portátil y una tarjeta de memoria.

El detenido, con antecedentes policiales, ha pasado a disposición judicial.

Manual policial para que su hijo no tropiece en Internet

Manual policial para que su hijo no tropiece en Internet

¿Su hijo tiene 10 años y cientos de amigos en Facebook? No es el único, y empieza a ser algo habitual cuando hasta hace tan sólo un año era algo excepcional. “Cada vez son menores más pequeños los que tienen acceso a la tecnología y cada vez hacen peor uso de las redes sociales“. Con esta frase resume María Fernández, portavoz de la Policía Nacional, la preocupación que tienen muchos padres cuando ven a sus hijos coger el smartphone o la tablet y navegar durante horas por las inhóspitas redes cargadas de buenas intenciones y, también, de delincuentes cibernéticos.

“A los niños hay que acompañarles día a día en internet. Cuando son muy pequeños no dejamos que se vayan solos al parque o que hablen con desconocidos, y esto hay que trasladarlo al mundo virtual. También hay que enseñarles que no hablen con desconocidos en internet y, a medida que el menor va teniendo más responsabilidad y más criterio, podemos ir delegando y dejarles solos con sus perfiles en las redes”, añade María Fernández.

Facebook, Twitter, Snapchat e Instagram son las redes que más usan los menores para comunicarse y compartir información, fotos y vídeos de su día a día. Escriben su propio diario en internet sin ser conscientes de que su intimidad es observada por miles de personas. Pero, ¿están los menores preparados para proteger su intimidad? A priori parece que no, porque es esa falta de reparo la que está en el origen de muchos de los delitos que se cometen con nuestros hijos en la Red. La Policía reconoce “que muchos menores no hacen buen uso de su intimidad. Suben imágenes a las redes sociales con contenido íntimo o en actitud sexual y esas fotografías son compartidas por otros menores sin su consentimiento”. Es decir, están cometiendo un delito.

El cyberbullying (acoso en internet) es uno de los delitos más comunes entre menores. “Muchos de ellos comparten una imagen íntima con una persona con la que tienen una relación de pareja y, cuando rompen, esa foto o ese vídeo se convierte en una manera de chantaje”, asegura la portavoz de la Policía Nacional. Y para el acosado empieza una rueda difícil de parar porque las redes están activas las 24 horas del día y la humillación no termina cuando salen del colegio. Continúa en su propia casa.

Cuando el acosador es un adulto y hay un claro fin sexual al delito se le denomina grooming. “Los menores contactan con otros menores que son, en realidad, adultos enmascarados y comparten contenido íntimo”, dice la portavoz de la Policía Nacional. “El chantaje comienza cuando les amenazan con publicar esas fotos comprometidas y, para no hacerlo, les piden más imágenes o vídeos con contenido sexual“.

Esto enlaza con el sexting, tercer delito más común entre los menores con perfiles en redes sociales. Una moda que consiste, precisamente, en compartir imágenes o vídeos con alto contenido sexual y que se convierte en delito en el momento en el que son compartidas por otras personas sin el consentimiento del autor. Contenido que, por supuesto, también sirve para extorsionar o chantajear a los menores.

¿Está en nuestra mano, en la mano de los padres, prevenir este tipo de situaciones? Sí, podemos hacerlo. En el momento que detectamos un delito hay que acudir inmediatamente a la Policía. Y, previamente, debemos crear un clima de confianza con nuestros hijos. “Es importante que les apoyemos y que sepan que si son víctimas de un delito o alguien les está chantajeando pueden contárselo a sus padres o a cualquier adulto de referencia que tenga el menor”, insiste la agente policial.

María Fernández asegura que “recientemente hemos acudido a un colegio para dar una charla sobre este asunto y han sido las propias alumnas las que han denunciado situaciones de acoso”. Por lo tanto, está a la orden del día, y nuestro deber como padres es saber qué hacen nuestros hijos en internet.

Según el último informe de Save the Children sobre ciberacoso, “uno de cada nueve estudiantes considera que ha sufrido bullying en los últimos dos meses y uno de cada siete reconoce haber sido víctima de ciberacoso. Además, uno de cada tres estudiantes reconoció haber insultado a través de internet o móvil, y cerca de uno de cada 10 asegura haber amenazado a otro alumno”. El estudio de la organización también apunta a que las chicas de entre 11 y 14 años son las que tienen mayor probabilidad de ser víctimas de acoso escolar y ciberacoso.

¿QUÉ PODEMOS HACER PARA PROTEGER A NUESTROS HIJOS?

1. Nos guste o no, tenemos que ser padres tecnológicos: no podemos estar desconectados y debemos acompañar a nuestro hijo desde el momento de la compra del smartphone, cuando se baja aplicaciones y cuando crea sus perfiles en redes sociales.

2. Debemos establecer unas normas básicas de seguridad: crear un código de acceso al teléfono, conocer con detalle las aplicaciones que se instala, las condiciones de esas aplicaciones y la edad mínima para utilizarlas. Importante es, también, crear una contraseña segura que vayamos cambiando de forma periódica. Y, por supuesto, instalar todos los programas de gestión parental y de seguridad oportunos.

3. Fijar con los menores unas normas por escrito de uso de la nueva tecnología: para ello la Policía ha creado un contrato tipo que los padres podemos firmar con nuestros hijos y que incluye nuestro compromiso de “respetar su intimidad con amigos reales dejándoles espacio para hablar de sus temas siempre que lo hagan con respeto”. Nuestros hijos deberán “asumir que, hasta que no sean mayores, sus padres conocerán siempre los códigos, contraseñas de su teléfono y su mail, juegos, fotos, vídeos y apps… para su posible supervisión”. Además, se establecen unos horarios para evitar que los menores estén hiperconectados y se puntualiza la edad mínima para usar determinadas redes sociales. “Algunas de ellas (Facebook, Twitter, Instagram…), como otras plataformas online, tienen marcadas una edad mínima (13 ó 14) por algo: o esperas a tenerla… o deberías compartir ese perfil con alguno de tus padres…”, dice literalmente la Policía Nacional, que también pone sobre la mesa cuestiones tan evidentes como que el menor no debe agregar en sus relaciones online a nadie que no conozca en la vida real.

Parece obvio pero no lo es tanto si contamos el número de amigos que tiene nuestro hijo en Facebook. Algunos, hasta más de 200. ¿De verdad son 200 las personas en las que confía y las que conocen casi al minuto dónde está y con quién se está divirtiendo?

4. Inculcar la importancia del respeto en la Red: nuestros hijos tienen que comportarse en el mundo virtual de la misma manera que en la vida real: con respeto. Deben conocer, además, que está prohibido circular imágenes íntimas de otros sin su permiso, insultar, faltar al respecto y, por supuesto, chantajear. Es decir, la educación es la clave para que no se conviertan en potenciales acosados o acosadores. “El nuevo usuario se compromete a no utilizar internet o el móvil para acosar, humillar, ofender o molestar a ningún compañero de clase, vecino o conocido. Y no será cómplice de esas acciones de ciberacoso, ni por reenviar, ni con su silencio: pedirá a sus contactos ese mismo respeto para todos”, dice literalmente el contrato que ha elaborado la Policía Nacional para fomentar el buen uso de las redes sociales.

5. Los menores deben conocer la importancia de proteger su intimidad: no se pueden dar detalles íntimos sobre su vida ni enviar documentos que puedan poner en peligro su integridad. Según el informe de Save the Children, entre las conductas de acoso más frecuentes se encuentran: la difusión de falsos rumores, el retoque de fotos de terceros, el piratear otras cuentas en redes sociales o el robo por identidad.

6. Los padres tienen que saber qué hacen y qué ven sus hijos en internet. Para ello, se instalarán los filtros parentales oportunos y se repasará el historial de navegación. Además, debemos revisar con los menores las fotos y vídeos que tienen en su aparato móvil y los documentos que se comparten. Si alguno de ellos puede ser perjudicial para ellos ahora o en el futuro, la Policía recomienda borrarlo. También podemos comprobar con los menores los comentarios y fotografías de otros perfiles que han añadido al suyo y preguntarles si cuentan con su autorización. Hay que explicarles lo peligroso que es el ciberacoso para que ni lo hagan, ni lo permitan.

La revolución tecnológica es imparable y nuestros hijos ya se han subido a ella. Es nuestro deber acompañarles en este camino, educarles y explicarles los peligros a los que se enfrentan. El mundo virtual puede ser tan dañino o más que el real si no anticipamos y prevenimos comportamientos que, claramente, rechazaríamos en nuestro día a día pero que en las redes sociales se vuelven impunes gracias al anonimato. Nadie está a salvo de ser víctima del ciberacoso, pero sí de tener las herramientas básicas para detectarlo, denunciarlo y librarse de él.

Dentista condenado a pagar 62.000€ por grabar a una empleada

Un juzgado de Móstoles ha condenado a un dentista de Alcorcón a pagar 62.500€ a una empleada a la que grabó semidesnuda. Este montante ha solicitado la defensa en concepto de indemnización por daños morales, al entender que se había vulnerado el derecho a la intimidad de la mujer, de 26 años. La demandante llevaba trabajando en la clínica apenas tres meses cuando descubrió, por casualidad, que estaba siendo grabada en el vestuario en el que se cambiaba de ropa.

La sentencia, fechada el 13 de octubre y recurrible ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, especifica que la demandante estaba contratada como recepcionista en la clínica desde el 16 de noviembre de 2015.

Antes de comenzar a trabajar, la mujer se ponía el uniforme en un almacén de la clínica. El dictamen judicial narra cómo en ese momento el dentista accionaba un aparato de grabación. Lo encendía minutos antes de que su empleada se incorporara al trabajo y lo apagaba cuando la recepcionista salía del improvisado vestuario. Lo hizo al menos en seis ocasiones.

En los vídeos que la defensa aportó en el juicio  se observa a un hombre maniobrando con el aparato, aunque no se percibe su rostro. Instantes más tarde, la demandante entra en la habitación y se cambia de ropa. En algunos de ellos se observa a la empleada desnuda de cintura para abajo. En otro se escucha al dentista pronunciar la palabra bragas. Y añade: “¿Me puedo quedar? Me hace ilusión”. La pregunta obtiene un no rotundo por parte de la joven.

La demandante no tuvo constancia de lo que sucedía hasta el 11 de febrero, tres meses después de incorporarse al trabajo. “Me encontré un USB negro en el suelo, cerca del mostrador. Lo enchufé en el ordenador para ver su contenido y saber a quién podía pertenecer, con la intención de devolverlo. Al abrir un archivo vi el almacén donde me cambiaba y a mí misma semidesnuda; me descargué algunos vídeos para demostrarlo”, explica la mujer.

Días más tarde comunicó que no acudiría más a su puesto de trabajo y denunció el caso ante la policía. Un mes después recibió un burofax en el que su jefe la despedía “por no superar el periodo de prueba”. “Fue él quien me ofreció el trabajo porque nos conocíamos de la hípica. Lo he pasado muy mal, porque había una relación de amistad y no me esperaba algo así”, relata.
Ahora aún quedan pendientes otros dos juicios penales por el mismo asunto. El dentista podría enfrentarse a una pena de cárcel de entre dos y cinco años.

Juan Jiménez-Piernas, abogado de la trabajadora, señala que “el éxito” del caso radica en la estrategia procesal, ya que se solicitó la indemnización por vía laboral al existir una relación de ese tipo entre ambas partes. “Si hubiésemos solicitado la indemnización por la vía penal, nos habrían dado 6.000 euros como máximo”.